El ser humano siempre ha tenido la necesidad de conocimiento, para unos ese conocimiento se centra en lo que la Kabalá llama el mundo de las cosas, lo concreto o mundo material; pero hay algunos que ese conocimiento, esa necesidad de saber, lo enfocan en el mundo de las causas o Dios, puesto que Dios, el Santo Bendito Sea, es la causa, el motivo por el cual todo existe, de Él surgió Todo y a Él debe retornar, y el hombre, hecho a su imagen y semejanza, es el encargado de que así sea.
Aquellos que sienten la necesidad de Reintegración son los que miran más allá del mundo de las cosas o concreto, buscan a lo largo de su vida ese camino que le ayude a él, y con él a toda la humanidad, a encontrar la dirección que les lleve a la Reintegración; y eso es lo que nos transmite la Kabalá.
Ese camino de retorno es el que yo denomino “el camino del corazón” puesto que las claves (llaves) están en el interior de cada ser humano, y como símbolo unificador el corazón.
La palabra Kabalá es hebrea, viene de la raíz QBL, que es el verbo Recibir, o sea que es la Tradición Recibida en, y para, el Corazón del hombre. La Torá sería la parte visible de las enseñanzas, pero más allá, penetrando en sus velos, para lo cual es necesaria la Kabalá, podemos descifrar el código de retorno.
Jesús nos dijo: “yo no vengo a abolir la ley sino a cumplirla”, y para ello nos dio un nuevo mandamiento: “amaos los unos a los otros como mi Padre os ama”.
Esa es la gran enseñanza, el “Amor”. En el conocimiento profundo de la Kabalá, el estudioso llega a comprender que todo el trabajo, todo el esfuerzo, debe centrarse en construir un templo, y ese templo es él mismo, lugar santo, en donde el Amor pueda residir.
Esto no se consigue sin estudio, sin esfuerzo, sin conocimiento, tanto de todo lo que le rodea como de uno mismo. Hacemos templos vivos para la gloria del Padre y no para la nuestra. Iluminar nuestras oscuridades para que la rosa, en el corazón del hombre y de la humanidad, se abra y de toda su belleza y perfume a todo lo creado, es lo que el estudio del Kabalista propone.
Pero para que esto se realice hay unas claves, todo un mapa que nos indica cual es el Camino. Esto viene dado en el esquema del Árbol de la Vida, o Sefirótico, esa imagen tan aparentemente hermética pero que habla a aquellos que se adentran por sus caminos.
En fin, la Kabalá no es el único camino, es uno más de los infinitos que existen, cada ser humano debe saber buscar el suyo y reconocer y respetar el del prójimo aunque sea diferente. Yo, como buscadora, he encontrado el que me propone la Tradición Mística Judía, de la que han surgido el Islamismo y el Cristianismo. Me ha servido, y me sirve, para construir día a día el templo en mi corazón, día a día pongo un nuevo esfuerzo, y en el camino me hallo. Algún día la Rosa ocupará el corazón de todos los hombres, gracias al esfuerzo de muchos kabalistas, o no, que su mirada ve más allá del mundo de las cosas, para vivir cada vez más el “Amor”, que es la causa de todo lo que existe. Mientras se consigue, continuaremos abriendo nuestros corazones, auténticos templos, para que el Amor sea lo que se manifieste.
MariCarmen-Rajel Blasco Ruiz

